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EL PES Y EL PANAL
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06 September 2018
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Author :  

Por: José Javier Reyes.

En la política las buenas intenciones y las estrategias deben ir acompañadas, invariablemente, de buenas cantidades de votos. Las buenas intenciones pueden ser, digamos, tener un partido que alcance la votación mínima para seguir chupando del presupuesto; la estrategia, pegarse como rémora a un partido de más envergadura que pueda atraer algunos votantes incautos; pero los votos deben ser, ya se sabe, más del tres por ciento de la votación. Esta barrera es infranqueable y si no se alcanza, todo lo demás no importa.

Sea el caso del Partido Encuentro Social. De poco le valió haber disfrazado al Ichtys (el pez símbolo de los cristianos primitivos, hoy de las iglesias cristianas cuya doctrina social enarbola de forma disimulada el PES. Por consiguiente, su orientación entra en el cuadrante de lo que denominamos la derecha y sus planteamientos son previsibles: no al aborto, no a los matrimonios de personas del mismo sexo. Pese a que su orientación ideológica choca con los principios izquierdistas del hoy presidente electo, el PES decidió estar del “lado correcto de la historia” a decir de su dirigente Hugo Eric Flores Cervantes.

No obstante, el aliarse con dos partidos de izquierda le valió de poco a esta agrupación, que ha perdido su registro como partido nacional, según los cómputos del Instituto Nacional Electoral. Aunque han anunciado que combatirán la resolución del INE, lo cierto es que esto suena a los aletazos de un pez moribundo.

El otro caso fatal es el del Partido Nueva Alianza. Una fidelidad incomprensible al que fuera su casa matriz, el Partido Revolucionario Institucional, se transformó en una trampa que finalmente lo deja fuera de las elecciones nacionales. Al descrédito que ya acarreaba este partido satélite se sumó el quiebre de la marca PRI y la falta de impulso de su “candidato ciudadano” José Antonio Meade. Y lo que en otra época era una apuesta segura para este partido lapa, se volvió su desgracia y estuvo a punto de serlo para otro membrete que vive de las alianzas, el Partido Verde Ecologista de México. A tal punto el otrora poderoso partidazo se volvió arenas movedizas, que el PVEM ya anunció su separación de la que fuera su ubre nutricia.

El tsunami morenista tuvo varios damnificados. Ninguno mayor que el Partido de la Revolución Mexicana. De ser en el pasado la tercera fuerza electoral y haber aspirado seriamente a la Presidencia de la República, a duras penas superó el 5 por ciento de la votación y, en el caso de la votación por la silla presidencial no alcanzó ni el 3 por ciento.
La moraleja parece clara: hay que ser aliancistas, pero no tan trompudos. Si bien es deseable que los extremos ideológicos busquen acercamientos y prevalezca la tolerancia y la inclusión, las coaliciones de deben basar en coincidencias programáticas, más que pragmáticas. Ver juntos al PAN y al PRD, por un lado, y a Morena y el PES por el otro, hubiera sido extraordinario si hubieran basado esas alianzas en algo más que la ambición o la necesidad de subsistir.

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E.G.
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