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¿ASÍ O MÁS CLARO?
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17 October 2018
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Por: José Javier Reyes.

Qué importante es que los gobiernos, de cualquier época, de cualquier signo, decidan dos cosas: cumplir sus promesas de campaña y consultar al pueblo sobre los proyectos de alto impacto. Y más importante aún, si consideramos que en México esto nunca ha ocurrido. Imagínese lo que habría pasado si el hoy defenestrado Gustavo Díaz Ordaz hubiera puesto a debate la construcción del Metro: probablemente estaríamos discutiendo el formato de la consulta o qué preguntas deberían incluirse. En vez de iniciar la construcción de la ruta de Zaragoza a Observatorio, estaríamos considerando si mejorar la red de trolebuses o incrementar el número de autobuses.

Y al igual que hoy se levantan voces en contra del proyecto del NAICM, no faltarían quienes se opusieran al de ferrocarril subterráneo. Pero hoy, que la experiencia nos enseña que la ciudad de México depende en altísima medida del Metro, sabemos que el proyecto del ferrocarril metropolitano no sólo era necesario: la ciudad se estaba tardando y probablemente arrancó 10 o 20 años después de lo requerido.

¿Y qué podrían opinar los mexicanos de finales de los sesentas? En rigor, nada. No sabían el impacto que tendría en sus vidas, no podrían prever sus ventajas o desventajas. Y tal como lo vemos, el costo o características técnicas eludirían a la hipotética consulta.

Porque cualquier toma de decisión implica un hecho simple y lógico: contar con información correcta y comprensible para tomar dicha decisión. No obstante, a menos de una semana de que se realice este ejercicio democrático, no sabemos ni siquiera cómo puede ser vinculante la consulta, si además se habla de una encuesta que de alguna manera se tendría que combinar con los resultados de la misma.

Lo peor es que muchas de las personas a cargo tampoco parecen saberlo. ¿Qué pasa si además de dar mi punto de vista en la consulta, también me encuestan? Esta posibilidad no es remota. Muchos de quienes serán encuestados, además votarán en la consulta. ¿Es un doble voto? Si en los detalles se esconde el diablo, este proceso tiene muchos recovecos dónde ocultarse.

Sin embargo, la primera pregunta que debería incluir el cuestionario de votación es: ¿entiende usted qué está votando? ¿Entiende perfectamente las implicaciones del aeropuerto en uno u otro lugar? Porque de esto depende el sentido del voto y su validez.

Como suele ocurrir, este tipo de elecciones se llevan a cabo con la emotividad más que con el raciocinio. En el fondo, muchos entenderán su participación como si se les preguntara: ¿está usted de acuerdo con López Obrador o con el actual gobierno? Esta sustitución es previsible, indeseable, pero inevitable.

Lo peor está por venir, pues todo parece indicar que, de hacerse con transparencia la consulta, Texcoco ganaría por 2 a 1. Y si eso pasa, ¿cómo explicárselo a los macheteros de Atenco, que ya advirtieron que para ellos la consulta no es vinculatoria y que, de cualquier manera, se opondrán a la construcción en Texcoco? ¿Cómo enfrentar cifras y detalles técnicos contra machetes? Ése es el verdadero problema del aeropuerto.

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E.G.
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