RAÍZ E IDENTIDAD DEL ATLIXCAYOTL

EL ATLIXCAYOTL UN RESCATE CULTURAL.

El surgimiento de un evento que mostrara la diversidad de costumbres y tradiciones, particularmente de las comunidades rurales de la región de Atlixco, significó un rescate cultural muy valioso; por esta razón, con motivo de la edición número cincuenta del  ATLIXCAYOTL,  nos sumamos al reconocimiento que éste merece.

Durante cinco décadas, a partir de 1965, las etnias y pueblos circunvecinos al Valle de Atlixco, a los que se unieron grupos de otras regiones del estado de Puebla, han hecho presencia con música, cantos y danzas en el inmemorial Macuilxochitltepetl (cerro de las 5 flores), que desde el siglo XVI ostenta el nombre del arcángel San Miguel, líder de las cortes celestiales y patrón de la ciudad de Puebla, que se dice desbancó a Quetzalcóatl, cuando el teocali en honor a él, localizado en la cúspide de dicho cerro, fue derribado en la etapa colonizadora de la dominación española.

Este valioso acontecimiento, logrado por el etnólogo Raymond Harvy Stage Noel -mejor conocido como “Cayuqui”- se debe a sus investigaciones sobre el haber cultural de las comunidades de la región de Atlixco y a situaciones casuales, que detonaron en 1965 el estreno de la fiesta del canto, música y danza ATLIXCAYOTL, al pie de la llamada “escalera ancha” -de cuarenta y tantos escalones- situada en el costado sur del cerro San Miguel.

Este evento impactó de tal manera a los vecinos que un grupo de ellos; entre los que se recuerda a los señores Mariano Rosales, José Alatriste, Enrique Cabrera, Gabriel Rosas Piñeiro, Julián Torres Pineda, Juan Espinoza y a las señoras Gloria Vargas, Perfecta Ramírez, Georgina Martínez y Josefina Larrañaga; se reunieron y conformaron la asociación civil Atlixcayotl, organización que colaboró con Cayuqui, coadyuvando a direccionar la excitación y el entusiasmo provocado por esta experiencia cultural.

De esta forma, en septiembre de 1966 se presentó el primer Atlixcayotl, llevado a cabo en una suave loma del emblemático cerro atliscense, acondicionada con gran esfuerzo para dejarla aceptable, aunque carente de comodidad. El éxito de esta presentación inaugural fue tal que causó inusitada expectación e interés tanto en los organizadores, como en las etnias participantes, colectividad citadina y visitantes de otras latitudes.

BONANZA CON MA. ESTHER ZUNO DE ECHEVERRÍA-

Los primeros años del sexenio presidencial del Lic. Luis Echeverría Álvarez representaron la época de bonanza de esta fiesta; gracias al interés y gusto por el folclore manifestado por la señora María Esther Zuno, entonces primera dama, versada igualmente en el estudio de las costumbres, tradiciones y artes populares; quien además brindó su apoyo incondicional a Cayuqui, como director del festival.

Durante diez años la reunión mágica de pueblos estuvo bajo los cánones dictados por Cayuqui, que siempre manifestó interés por conservar el ambiente ecológico del cerro de San Miguel, que en esos años mostraba un aspecto natural, sin la invasión urbana actual. Sin embargo, en 1975, al no conseguir los apoyos económicos necesarios para sufragar los gastos que originaba la fiesta de canto, danza y costumbrismo, decidió retirarse de su encargo, quedando en su lugar provisionalmente la pintora poblana Rosa María Salazar, quien en septiembre de 1976 entregó el bastón de mando a Guillermina Peña.

En esa época los atuendos de Las Chinas de Atlixco eran verdaderas galas; las faldas confeccionadas en fino raso de distintos colores, lucían en la parte inferior ocho abanicos adornados con encaje de bolillo; las blusas de popelina blanca, con pequeñas mangas tejidas a gancho y chaquira entreverada formando figuras diminutas; complementándose el atavío con una mascada rodeando el cuello y sujetando sus puntas en la pretina o borde central de la cintura; cada china llevaba sobre la cabeza un cesto de frutas adornado con flores. Este grupo representativo de los valles de Atlixco ha encabezado el desfile de la fiesta mágica de pueblos desde su origen hasta nuestros días.

DIFICULTADES PARA SOLVENTAR LA FIESTA.

Entre 1978 y 1981, los últimos años del periodo gubernamental del Dr. Alfredo Toxqui Fernández de Lara, la imagen del Netotiloaya, espacio espléndido del Atlixcayotl, se trasformó con la remodelación que realizara el gobierno del estado, dotándolo de servicios sanitarios, plataforma, graderío, palco para las autoridades y vestidores para los integrantes del programa.

En mi calidad de directora de turismo, tuve la oportunidad de constatar, al lado de Guille Peña, las dificultades para solventar las necesidades de la fiesta de costumbrismo y tradición, pues no había presupuesto para ello. Nadie imagina el costo de tantos detalles, particularmente el traslado de los grupos participantes en el programa de cada año, eran verdaderos dolores de cabeza; aunque al final se recibían apoyos del ayuntamiento municipal y del gobierno del estado.

Vale la pena reconocer el trabajo artesanal de las invitaciones de papel amate con representaciones prehispánicas en papel picado, y los posters ó carteles promocionales muy codiciados y dignos de colección.

El tupido follaje de las huertas de los solares chicos constituyó el paisaje de fondo de los primeros años del Atlixcayotl, como se observa en las fotos de Higinio Rosas ilustrando el reportaje gráfico de Luis Bota Villa en la revista “Vida en México desde Puebla” de septiembre de 1966, testimonio elocuente de ese suceso.

EL ATLIXCAYOTL PATRIMONIO CULTURAL.

La sencillez y naturalidad de los ejecutantes de las comunidades rurales, mostrando en la plaza de la danza de Atlixco detalles y aconteceres de su manera de vivir sin sofisticaciones, resulta hoy muy importante porque en los primeros tiempos del Atlixcayotl fue patente la autenticidad, valor que lamentablemente a 50 años de distancia ha perdido su esencia genuina, es decir su pureza y legitimidad. No obstante, esta festividad ha echado raíces y se ha convertido en un atractivo que ha impulsado la industria turística local, ya que a la fecha constituye una derrama económica significativa.

Guillermina Peña, mujer apasionada y empeñosa, con enorme brío condujo el Atlixcayotl durante doce difíciles años, luchando contra viento y marea por su supervivencia. Ella se ausentó físicamente en 1988, dejando la dirección del festival en manos de María Elena Pacheco Peña, su sobrina, quien también supo dirigir con gran fervor y dedicación la organización del multicitado Atlixcayotl.

Dada la importancia de esta fiesta, celebrada cada último domingo del mes de septiembre en la Plazuela de la Danza del cerro de San Miguel de Atlixco, y tomando en cuenta su trascendencia en la entidad poblana y en el ámbito nacional e internacional, el Ejecutivo del estado de Puebla, Lic. Manuel Bartlett Díaz, en septiembre de 1996 expidió el decreto mediante el cual se reconoce a la festividad HUEY ATLIXCÁYOTL (Gran Atlixcayotl) como patrimonio cultural de nuestra entidad federativa, asegurando con ello la preservación de su contenido y garantizando su celebración con el obligado respaldo institucional.

 

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