
Boleadores de zapatos: un oficio centenario
Un oficio que ha prevalecido al cambio del tiempo, y que aún hoy, se puede disfrutar de él en el Zócalo de Atlixco.
Para iniciar esta nota, es necesario trasladar a nuestra mente a otro país y otra época. Con la ayuda de los escritos de Charles Dickens, nos vamos a trasladar a la Inglaterra del siglo XVIII, en dónde se puede ver al país sumergido en la Revolución Industrial. Figúrese que estamos caminando por las calles grises, polvorientas y envueltas en el vapor que emanaban las fábricas y los trenes; y así, andando, nos encontramos en los andenes y estaciones de éstos últimos.
Imagínese el bullicio incesante de este lugar. Plagado del ruido de las máquinas que llegaban o partían a toda velocidad, de los trabajadores anunciando próximas partidas y llegadas, de personas que se saludaban efusivamente al reencontrarse, o de aquellos que se fundían en un abrazo al despedirse. Aquí, lo habitual era ver a caballeros, que iban muy bien vestidos, con traje negro y sombreros. Su atuendo debía de ser completamente pulcro, de la cabeza a los pies, por lo que entonces, sus zapatos, también debían de estar a la altura. Es ahí en donde entran los boleadores.
Un oficio que surgió como una necesidad de mantener el calzado limpio y presentable en tiempos en los que la apariencia era clave en la sociedad. A lo largo del tiempo, este trabajo ha pasado de ser una simple tarea a convertirse en un símbolo de esfuerzo y supervivencia.
Un Oficio con Historia
Aunque, como ya se leyó, el origen del oficio de bolear zapatos se remonta al siglo XVIII, cuando las clases trabajadoras y aristocráticas comenzaron a darle gran importancia a la presentación personal, no se sabe bien en dónde se originó. Lo que sí se conoce es que, por supuesto, no se quedó únicamente en Inglaterra. Porque en las grandes ciudades europeas y latinoamericanas, también surgieron personas que se dedicaban a esto, ofreciendo sus servicios en plazas, calles y estaciones de tren, donde los hombres de negocios y políticos requerían de un calzado impecable.
Con la expansión de las ciudades y el auge de la industrialización, la demanda por boleadores de zapatos creció, convirtiéndose en un medio de subsistencia para muchas personas de bajos recursos. En México, y en nuestro municipio, al ser una ciudad que, desde sus inicios fue hecha para ser habitada por españoles, era cuestión de tiempo que también se tuviera la necesidad de que los zapatos estuvieran limpios, bien pintados y relucientes.
Un Oficio en Transformación
Aunque la modernización ha reducido la cantidad de boleadores en las calles, el oficio sigue presente en algunas ciudades, como la nuestra. Muchos lo consideran un arte que merece ser preservado, no solo por su importancia económica para quienes lo ejercen, sino también por el valor cultural que representa.
Como se vio al inicio, el oficio de bolear zapatos es uno centenario. Pero, además, también es uno que enseña cómo hay trabajos que no pueden ser reemplazados por máquinas. No importa si son de vapor, como en la Revolución Industrial, o robots operados por computadoras, o, por lo que está en boga hoy, por la inteligencia artificial, sigue sin haber un reemplazo para las manos del ser humano. Porque, si hay un oficio que ha visto los cambios en el mundo, sin la necesidad de tener que cambiar él, es el oficio de boleador.