Skip to main content

Contando la “Historia” y las “historias” de los edificios históricos de Atlixco: La Casa de Los Aguilar

La continuación de los artículos que, hablarán sobre los inmuebles históricos del municipio de Atlixco.


Para iniciar con esta serie de artículos, es importante dejar en claro una diferencia entre ambas palabras que están en el título. En inglés, cosa curiosa, existen dos palabras para estos dos conceptos, mientras que en nuestro idioma solo tenemos una. En inglés la palabra History -Historia, así, con mayúscula, en español- se usa para referirse a los sucesos históricos o acontecimientos que se pueden ubicar en una línea de tiempo y en un determinado lugar, son los datos que se encuentran en libros, revistas y documentos. Mientras que story -historia, con minúsculas- hace referencia a cuentos, relatos o narraciones en general, de cualquier cosa, ya sea ficticio o real.

Entonces, para iniciar, vamos a narrar la Historia. Para comenzar, debemos de situarnos en la Avenida Hidalgo, más que ser reconocida por ser la calle de las flores, es también una de alta importancia por su alto valor histórico. En ella, se puede encontrar casonas viejas, cada una resistiendo al paso del tiempo, temblores y cambios arquitectónicos. La Casa de Los Aguilar es uno de estos monumentos que entre sus piedras yacen entremezclados siglos de Historia e historias que nunca se han contado.

La “Historia” de la casa

El nombre de “Casa de Los Aguilar” parece derivar del edificio original que se erigía en el mismo lugar. Esta casa que perteneció a la familia Ramírez de Arellano y fueron herederos del conquistador García de Aguilar, quien participó en la Conquista de México y Guatemala. Su hija, Juana de Aguilar y Cevallos, heredó la propiedad y la llevó al linaje de los Ramírez de Arellano y Navarra.

Con el tiempo, el inmueble fue renovado por el arquitecto Guadalupe Vázquez en 1894, por lo que es un reflejo del estilo arquitectónico porfiriano de finales del siglo XIX. Su fachada de adobe azul se despliega en dos niveles, con un diseño estructural que rodea un gran patio central. Sus muros de mampostería de piedra y tabique rojo, sus techos de viguería con petatillo y su elegante escalera de tres rampas conducen a la planta alta, donde se puede apreciar una logia conectada por andadores con barandales de hierro.

Las inscripciones “1893” y “1894”, ubicadas en la fachada y en el patio interior, respectivamente, dan cuenta de su reconstrucción en aquella época. Su transformación de vivienda unifamiliar a un edificio comercial es solo una de las muchas adaptaciones que ha vivido a lo largo de los años.

Las “historias” de la casa

Como ya se mencionó, esa es la Historia de la casa, pero ¿Qué hay de las historias, así con minúsculas? Aquí, solo queda cabida a la especulación. La Casa de los Aguilar, fue renovada en 1894, en un México donde lo único de “democracia” que se tenía, era la última parte de la palabra, porque la primera, debería de haber sido “pluto”.

Entrar en La Casa de los Aguilar es poder poner un pie en el pasado. A un momento en donde, en lugar de autos, había carretas, caballos y una profunda desigualdad social. En donde era fácil diferenciar entre un peón, un obrero y un patrón. Era un Atlixco, una Puebla y un México gobernado por un dictador que idolatraba a toda la cultura que viniera del otro lado del océano Atlántico. La influencia del porfiriato era palpable no solo en la ropa, también se observaba en la arquitectura. La Casa de los Aguilar es un recuerdo de una época en donde la economía, las artes, la moda y la arquitectura florecían a expensas del trabajo y el sudor de los obreros y peones.

La Casa de Los Aguilar hoy en día, sigue formando parte del patrimonio cultural de la ciudad, un recordatorio de la riqueza histórica y arquitectónica que define a esta joya poblana.